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lunes, 2 de mayo de 2016

¿Ha llegado el momento del ingreso universal? , por Raúl Vergara Arias @Rau1Vergara

 En los últimos años, los estudios han arrojado varios hallazgos desalentadores sobre la economía: el ingreso de la mayor parte de la población en los países desarrollados lleva décadas estancado, la desigualdad ha crecido desde los años 80 y se encuentra en su punto más alto desde hace un siglo, el avance de la automatización ha destruido empleos bien pagados y los trabajos que han surgido en su lugar suelen ser peor remunerados. Además, la apertura al comercio internacional, si bien ha contribuido a mejorar el estándar de vida en países pobres como China, ha generado pérdida de empleos y estabilidad en los países ricos, lo cual impulsa a plataformas políticas populistas-nacionalistas como la de Donald Trump.
Ante esta situación, a idea simple pero revolucionaria de dar una cantidad de dinero mensual a todos los ciudadanos de un estado ha tomado auge en los últimos años. Se planea implementar un programa piloto de ingreso universal en Finlandia, en la provincia de Ontario, Canadá, en las ciudades de Utrecht y Tilburg en Holanda, así como en Finlandia. Además, en junio del presente año se llevará a cabo un referendo en Suiza donde los votantes decidirán si quieren que esta política se lleve a cabo a nivel nacional. Y esto no sólo está sucediendo en países desarrollados, la ONG Give Directly planea dar un ingreso fijo a los 6,000 habitantes de una comunidad pobre en Kenia durante 10 a 15 años para medir la efectividad de este programa.
El “ingreso universal” o “ingreso básico” consiste en otorgar una suma de dinero determinada, a intervalos constantes de tiempo, a todos los ciudadanos de un lugar, por el simple hecho de serlo. Es decir, a diferencia de la mayoría de los programas asistenciales actuales, no está condicionado a ser pobre, discapacitado, desempleado o alguna otra situación. Hoy en día esta idea suena bastante inusual, sin embargo, fue popular en los años 60 y 70, cuando la proponían personajes tales como Martin Luther King, los presidentes Richard Nixon y Jimmy Carter y el Nobel de Economía, Milton Friedman. Incluso se llegó a establecer como experimento en algunas ciudades de Estados Unidos y en la provincia de Manitoba en Canadá. Lamentablemente, no se condujeron estudios suficientemente rigurosos, de modo que no se sabe a ciencia cierta qué tan efectivos fueron dichos experimentos.
Quienes en la actualidad impulsan el ingreso universal sostienen que sería una forma efectiva de acabar con la pobreza y hacer frente a la inseguridad económica y la precariedad del ingreso que aquejan a buena parte de la población. Por otro lado, se reduciría la ineficiencia burocrática y el costo que conlleva la maraña de programas sociales existentes, sustituyéndolos con la transferencia directa de dinero a las personas, quienes a su vez serían libres de gastarlo en lo que más les beneficie, generando aún más eficiencia. Hoy en día, la asistencia pública suele darse sólo a los pobres, de modo que cuando una persona empieza a ganar más, pierde los beneficios. Esto genera una “trampa de la pobreza”, donde los beneficiarios evitan mejorar su ingreso laboral, pues de hacerlo podrían terminar teniendo un ingreso total menor que antes. Además, según un influyente trabajo de investigación de la Universidad de Oxford, publicado en 2013, el 47% de los empleos en Estados Unidos están en riesgo de automatizarse. Ante el rápido desarrollo de la Inteligencia Artificial, existe la posibilidad real de que gran parte del trabajo humano deje de ser relevante o necesario, y un ingreso universal podría servir para atenuar el impacto que esto tenga.
Existen también muchos detractores de la propuesta, quienes señalan  que dar un ingreso garantizado a todos destruiría los incentivos para trabajar. No obstante, según la evidencia de los programas de ingreso universal aplicados en los años 70, así como de programas de transferencias directas de efectivo tales como Prospera o Bolsa de Familia, la disminución en el empleo suele ser baja, y se asocia a un aumento en el tiempo dedicado al estudio, que es una consecuencia deseable. El obstáculo principal para la implementación de un sistema de ingreso universal es el costo, ya que proporcionar un monto suficiente para costear una vida digna está por encima de las posibilidades de la mayoría de los países.
Será muy interesante conocer los resultados de los experimentos con el ingreso básico que comenzarán en los próximos meses, ya que de funcionar, este sistema tiene el potencial de poner un  piso en las condiciones de vida de las personas, y garantizar que nadie carezca de los satisfactores básicos. Hace 84 años, el gran economista John Maynard Keynes declaró que en 100 años el mundo sería tan rico que el problema económico (la escasez) estaría prácticamente resuelto, y las personas podrían dedicar la mayor parte de su tiempo al esparcimiento. La tendencia hacia un mundo con menos horas de trabajo y más producción se mantuvo hasta los años 70, y el ingreso universal puede ser la forma en que las esperanzas que tenía Keynes para sus nietos puedan materializarse.




RINCÓN ECONÓMICO, por Raúl Vergara Arias


Economía
8o Semestre
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miércoles, 13 de abril de 2016

Esta elección será el fin de los partidos norteamericanos como los conocemos, por Raúl Vergara Arias @Rau1Vergara

El actual proceso electoral en Estados Unidos está poniendo en evidencia importantes rupturas en la plataforma política de los dos partidos, y probablemente sea el punto de quiebre un realineamiento ideológico que pondrá fin al concepto de “valores republicanos” y “valores demócratas” con los que cada partido se había identificado desde la década de los ochenta cuando se consumó el realineamiento anterior. Esta situación es especialmente evidente en el partido Republicano, a quien Donald Trump ha tomado por asalto  en base a un discurso de nacionalismo populista, dejando de lado al conservadurismo cristiano y apoyo al libre mercado que por décadas fueron los pilares de la ideología partidaria. En el caso Demócrata, el establishment tiene firme control sobre las riendas del partido, sin embargo, el senador autoproclamado socialista, Bernie Sanders, ha sido sorpresivamente competitivo en las elecciones primarias, especialmente entre los jóvenes y los votantes blancos, mostrando lo que pueden ser las semillas de una futura ruptura entre el ala pro empresas y socialmente liberal por un lado, y el ala socialista y populista del partido por el otro.
La elección primaria de 2016 mostró que a diferencia de los líderes republicanos, la mayor parte de los votantes del partido no apoyan la apertura comercial al exterior, ni los recortes a programas sociales, ni creen que la mejor forma de estimular la economía es recortar impuestos a los ricos para que creen más trabajo, y se oponen vehementemente a una reforma migratoria (algo que la dirigencia republicana había adoptado como prioridad para atraer votantes latinos). Asimismo, en contra de la creencia popular, los republicanos de a pie estuvieron perfectamente dispuestos a hacer a un lado la pureza ideológica y religiosa de un multimillonario libertino, pues su preocupación real resultó ser la migración que les roba su cultura y el comercio internacional que les roba sus trabajos (al menos así es como lo ven ellos). Además del patente desprecio de los votantes por la tradicional ideología republicana, es revelador el hecho de que Trump ignora casi por completo a los intelectuales (incluso a los conservadores), y también que como buen populista identifica problemas y propone soluciones que no se apegan a la realidad.  Por ello, la élite académica de todos los colores se ha volteado en su contra.
Es probable que el partido Republicano como lo conocemos no sobrevivirá a este personaje. Por décadas, los republicanos fueron un partido de ideología, sustentado por creyentes en el capitalismo, la tradición y los valores cristianos. Sin embargo, ahora esta coalición se está fracturando, y el partido que representa Trump (y que los votantes eligieron) es predominantemente uno populista de corte nacionalista e impulsado por el miedo al “otro” y la nostalgia de quienes quieren hacer a Estados Unidos “blanco otra vez”.
Mientras tanto, el grupo pro-empresa que hasta hace poco llevaba la voz cantante entre los republicanos, y que aboga por menores impuestos, mayor apertura al comercio y menos regulaciones en la economía, así como el conjunto de votantes del partido que se sentían atraídos por su oferta de una economía abierta al mercado, ahora se enfrentan con que su candidato presidencial representa unos valores completamente distintos. Resulta plausible creer que para muchas de estas personas, los Demócratas y Hillary Clinton pintarán como una opción más sensata y atractiva que los Republicanos de Trump. La elección que tomen estos votantes, así como los republicanos moderados, será clave para el realineamiento de los partidos norteamericanos.
El partido Demócrata desde hace años se ha acercado cada vez más al centro político en Estados Unidos. En la década de los 90, abandonaron muchas posiciones económicas típicas de la izquierda en otros países (gran apoyo a los sindicatos, impuestos elevados) y mostraron apertura a los mercados. Al mismo tiempo, adoptaron posiciones progresistas en temas sociales, tales como el aborto y el matrimonio gay, y sobre todo, una mayor aceptación hacia las minorías étnicas y los migrantes. Conforme el país se vuelve más diverso racialmente y menos religioso, la posición ideológica de los Demócratas le ha permitido estar cada vez más en sintonía con los valores del norteamericano medio. Ahora, cuando los Republicanos de Trump están adoptando posiciones populistas cada vez menos realistas, se puede esperar que pierdan apoyo de los moderados, de quienes se benefician del comercio y de los votantes más educados, quienes optarán por continuar con el pragmatismo de los años de Obama.
Las encuestas predicen que los Demócratas ganarán las elecciones por amplio margen (según el promedio de encuestas publicado por Real Clear Politics Clinton aventaja a Trump 52% a 39%) y en el corto plazo consolidarán una posición hegemónica en el centro del espectro político, de forma similar a lo que ha ocurrido en Inglaterra y Alemania con David Cameron y Angela Merkel, quienes tienen un fuerte mandato ante una oposición fragmentada e ideologizada. Sin embargo, la llegada de republicanos moderados al bando Demócrata no será la única parte de la realineación de los partidos norteamericanos. Probablemente tras unos años también habrá un movimiento en sentido inverso, cuando votantes demócratas (muchos de quienes hoy apoyan a Sanders), desilusionados por la posición tecnócrata de su partido, opten por cambiarse al lado republicano, motivados por su atractivo discurso populista y proteccionista. Este proceso podrá ser acelerado si en el futuro se atenúa el tono racista, de modo que atraiga a más minorías. Los acontecimientos que rodean este proceso electoral apuntan a que en unos pocos años, los partidos estadounidenses representarán a personas diferentes a las que lo hacen hoy. Todo apunta a que el Demócrata será más pro-empresa y aglomerará a los votantes cosmopolitas, que apoyan la globalización, la migración, el liberalismo social y se oponen al racismo. Mientras tanto, los Republicanos se consolidarán como el partido nacionalista de quienes han salido perjudicados por la globalización, que temen al cambio y a la competencia global y que quisieran regresar al tiempo en que todos sus vecinos tenían su mismo color de piel.




RINCÓN ECONÓMICO, por Raúl Vergara Arias


Economía
8o Semestre
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miércoles, 2 de marzo de 2016

¿Qué explica la popularidad de Trump? , por Raúl Vergara Arias @Rau1Vergara



Hace menos de un año, cuando se empezaron a destapar los contendientes por la candidatura presidencial del partido Republicano en Estados Unidos, el consenso de los expertos apuntaba a que el ganador probablemente sería Jeb Bush, ex-gobernador de Florida e hijo y hermano de ex-presidentes. En caso de que los votantes no quisieran un tercer presidente de la dinastía Bush, las encuestas apuntaban a que Chris Christie, gobernador de Nueva Jersey, o Marco Rubio, senador por Florida, tenían las mejores posibilidades de ser electos para contender contra el candidato Demócrata en la elección presidencial de noviembre de 2016.
Sin embargo, nada ha salido según lo esperado tras la irrupción del magnate Donald Trump en la elección republicana. Desde que comenzó su campaña en el verano pasado, ha sido él quien contra todo pronóstico domina las encuestas. El auge de Trump resultó especialmente sorpresivo ya que tras la derrota de los republicanos en el 2012, los especialistas indicaron que para que el partido pudiera ser competitivo en un país donde más del 35% de la población pertenece a una minoría étnica y casi 30 millones de votantes son latinos, era necesario presentar un rostro más amable a esta comunidad. Sin embargo, lo ocurrido fue exactamente lo opuesto, y el “ingrediente secreto” que ha hecho a Trump tan atractivo para la base republicana es su retórica nacionalista y rechazo a los inmigrantes.
Esto ha puesto en evidencia algunas verdades desagradables sobre los votantes republicanos. La sabiduría popular indica que desde hace décadas, el partido se apoya fundamentalmente en una coalición de dos amplias clases de votantes: por un lado está un gran número de conservadores en temas sociales, muchos de los cuales se oponen a las iniciativas que van en contra de sus creencias religiosas, tales como el aborto o el matrimonio gay, defienden los valores familiares y apoyan un ejército fuerte que los haga sentir seguros. Después tenemos a los defensores del libre mercado, quienes buscan una economía abierta al comercio internacional, menores regulaciones a las empresas, se oponen al poder de los sindicatos y defienden recortes de impuestos como la mejor forma de estimular la economía. Tradicionalmente, el partido republicano ha dado gran importancia al respaldo ideológico de sus políticas y destina millones de dólares al año a fondear centros de investigación y “think tanks” para que divulguen y den justificación académica a su plataforma política.
Por lo anterior, parecía poco probable que un multimillonario libertino, varias veces divorciado, que ha criticado abiertamente la política militar norteamericana y cuya principal propuesta en materia económica es la de imponer fuertes aranceles a los productos de China, Japón y México, pudiera ganar la candidatura de un partido donde la pureza ideológica y el ser un “auténtico conservador” son  lo más importante. Excepto, que estas cuestiones resultaron irrelevantes para los votantes. La ortodoxia conservadora, tan importante para las élites y para la imagen que el partido republicano tiene de sí mismo, no ha sido en absoluto lo que motiva a los votantes al elegir a un candidato, sino que hay algo más profundo detrás: el miedo.
Buena parte de los votantes blancos estadounidenses sienten que están perdiendo “su” país. Para ellos, la inmigración y la globalización amenazan su cultura y su fuente de trabajo y ésta es la principal razón por la que se sienten atraídos por Trump. Las estadísticas indican precisamente a ello: el salario de los hombres blancos sin educación universitaria en EEUU ha estado estancado desde finales de los años 70, en gran parte debido a que los empleos manufactureros han disminuido de forma importante por el aumento en la automatización y en la importación de productos. Por otro lado, los medios de comunicación norteamericanos llevan varios años recalcando que para la década de 2040, los blancos serán menos del 50% de la población norteamericana. Esta estadística suele presentarse con tintes positivos por el aumento en la diversidad y todo lo que esto conlleva, no obstante, resulta evidente que para buena parte de los votantes republicanos esto es motivo de preocupación y por ello apoyan a un candidato que esté dispuesto a frenar este cambio demográfico. Por ello, la retórica bravucona de Trump y su promesa de construir un muro en la frontera con México y deportar a todos los inmigrantes ilegales, suena como música en sus oídos (aunque en realidad el flujo neto de migrantes de México  hacia Estados Unido es negativo desde 2007).
En el 2016 los valores cristianos y el libre mercado no figuran en lo alto de las prioridades de la base republicana. La campaña de Trump y su eslogan “Hagamos a América grande otra vez” ha dado al clavo qué es lo que realmente mueve a los votantes blancos este año: el sueño de regresar al país a una época en que todos sus vecinos se parecían a ellos y su trabajo no se veía amenazado por los salarios bajos en otro continente.


RINCÓN ECONÓMICO, por Raúl Vergara Arias


Economía
8o Semestre
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miércoles, 11 de noviembre de 2015

Entendiendo la situación monetaria actual , por Raúl Vergara Arias @Rau1Vergara


Actualmente la economía mundial vive una situación sin precedentes. Durante la gran crisis financiera de 2008, la demanda agregada cayó de forma importante en la mayoría de los países, ante lo cual los bancos centrales reaccionaron aplicando políticas monetarias expansivas de gran calado para apoyar el crecimiento y evitar el riesgo de la deflación. La más importante de estas medidas, fue el recorte de tasas de interés por parte de la Reserva Federal (FED) de Estados Unidos, pasando de 5% a 0.25% en el transcurso del año 2008. Esto se llevó a cabo a través de un proceso conocido como “Quantitative Easing” (QE) que es una política monetaria no convencional a través de la cual el Banco Central crea dinero nuevo para adquirir activos financieros tales como bonos gubernamentales. Como consecuencia del QE, la tasa de interés de referencia en Estados Unidos se ha mantenido en niveles históricamente bajos durante casi siete años, mientras que la cantidad de activos  en posesión de la FED como porcentaje del PIB norteamericano pasó de alrededor del 5% en el primer trimestre de 2008 hasta cerca del 25% en el cuarto trimestre de 2014.
No existe todavía un juicio definitivo sobre el QE; quienes lo apoyan sostienen que era una medida necesaria para evitar la deflación y una crisis todavía más profunda en 2008, sin embargo ahora los bancos centrales conservan una enorme cantidad de activos en propiedad, y hay temores de que cuando se deshagan de ellos, el alza en las tasas de interés haga que las economías entren en una severa recesión. Al mismo tiempo, la abundancia de dinero puede haberse canalizado a mercados de capitales y a economías emergentes, generando así burbujas especulativas en bolsas y commodities. Finalmente, con las tasas de interés tan bajas, las economías no cuentan con una de las principales herramientas para hacer frente a futuras crisis, pues el margen de maniobra para estimular la demanda agregada recortando las tasas es muy pequeño en la actualidad.  Esto último resulta especialmente problemático para un Banco Central como la FED, que además del mandato de mantener el poder adquisitivo de la moneda, tiene la encomienda legal de promover el crecimiento económico.
Por otro lado, la economía de Estados Unidos ha dado señales de solidez en los últimos trimestres: su tasa de desempleo se ubicó en 5.3% en julio de 2015, esto parece próximo al pleno empleo comparado con el desempleo promedio entre 1948 y 2007 que fue de 5.6%. Asimismo, la expansión económica actual comenzó en junio de 2009 en dicha nación, por lo que ya lleva seis años de crecimiento económico continuo. Estas muestras de fortaleza han llevado a muchos expertos a considerar que el alza en las tasas de interés es inminente, e incluso consideraban que se llevaría a cabo el pasado 17 de septiembre. Sin embargo esto no ocurrió, en gran parte porque el entorno económico en Estados Unidos y el mundo dista mucho de ser uno de crecimiento elevado y sostenido. China y las economías emergentes están experimentando una importante desaceleración que va de la mano con la caída en el precio de materias primas, especialmente los energéticos. Además, la inflación en EEUU está por debajo de su nivel objetivo de 2% y el subir las tasas podría hacer que baje aún más, complicando así esta decisión.
Como se ha expuesto, existe una gran ambigüedad en las señales que envían diferentes partes de la coyuntura económica actual, por lo que no es posible predecir cuándo la FED optará por subir sus tasas. No obstante tampoco es probable que las tasas de interés cercanas a cero se mantengan en el largo plazo, por ello existe la fuerte expectativa de que la FED normalice sus tasas en los próximos meses.
La expectativa del alza en las tasas de interés ha definido a los mercados financieros en el presente año. Enormes recursos se han retirado de economías emergentes como Brasil y China para irse a la opción segura que representa unos Estados Unidos con solidez económica y potenciales tasas de retorno más elevadas en el futuro, como consecuencia, el dólar se ha apreciado con respecto a otras monedas y los índices bursátiles han mostrado importantes pérdidas pues los inversionistas han vendido acciones para comprar bonos. Se espera que las condiciones de volatilidad e incertidumbre continúen en el futuro cercano, al menos hasta que la FED haga pública su decisión de comenzar la normalización monetaria.
Este artículo contiene partes del ensayo presentado por el autor y otros compañeros en el Desafío del Banquero Central 2015.



RINCÓN ECONÓMICO, por Raúl Vergara Arias
Economía
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jueves, 5 de noviembre de 2015

¿Por qué la inflación ha bajado tanto? , por Raúl Vergara Arias @Rau1Vergara

Los resultados de la economía de México llevan varios años dejando que desear. Sin embargo, no todo ha sido negativo en el manejo macroeconómico de nuestro país, uno de los grandes logros alcanzados es que la inflación lleva varios años bajo control y actualmente se encuentra en mínimos históricos, llegando a niveles cercanos al 2.5%, lo cual es un cambio radical si comparamos con  los años 80 y 90, en que la inflación llegó a niveles de dos dígitos en repetidas ocasiones.
El principal factor que ha permitido este descenso en la inflación es la autonomía del Banco de México, lograda tras la crisis de 1994. Antes, el banco central estaba obligado a otorgar créditos al gobierno federal en ciertas circunstancias y actuaba bajo fuertes influencias políticas. En este entorno la política monetaria de México se manejaba de una forma mucho más irresponsable, pues el gobierno tenía la facilidad de financiar su gasto a través de la emisión monetaria; la inflación era una consecuencia natural de este proceso pues un aumento descontrolado en la cantidad de dinero suele provocar que el nivel de precios se eleve.
El tener un banco central independiente y manejado de forma responsable, nos ha permitido gozar de una estabilidad en el poder adquisitivo de la moneda que no se había visto anteriormente. Sin embargo, actualmente hay confusión entre muchas personas sobre cómo podemos tener una inflación tan baja en un contexto en que el dólar se ha encarecido tanto frente al peso, lo que trae aparejado el riesgo de que se eleven los precios de los productos e insumos importados y esto empuje la inflación a la alza.
El encarecimiento del dólar no ha provocado inflación hasta el momento por distintas razones. La primera de ellas es que debido a la desaceleración de China y consecuente baja en su demanda de materias primas, el precio de muchos commodities industriales, así como el de los energéticos como el petróleo ha bajado. Además, muchas de las empresas que utilizan insumos importados en nuestro país cuentan con coberturas cambiarias que las protegían frente  a un alza en el tipo de cambio. Finalmente, el crecimiento económico en México ha sido muy lento durante el presente año, por lo que las presiones inflacionarias han sido débiles, pues la demanda no es suficiente para impulsar los precios a la alza de forma importante.
Nada garantiza que esta situación se va a mantener en los próximos trimestres, y es muy posible que el dólar caro comience a impactar la inflación a inicios de 2016, no obstante Banco de México está bien posicionado para mitigar el efecto y que el poder adquisitivo de los mexicanos no sufra una importante merma, para ello será necesario una estrategia de subasta de dólares por parte del banco central que no permita que el tipo de cambio se dispare, así como un ajuste en las tasas de interés para atraer inversiones a México y con el influjo de divisas fortalecer nuestra moneda.





RINCÓN ECONÓMICO, por Raúl Vergara Arias
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viernes, 9 de octubre de 2015

El nuevo auge del populismo, por Raúl Vergara Arias @Raul1Vergara

En los últimos meses se ha hecho evidente un fenómeno político peculiar en varias democracias del mundo, esto es la creciente importancia que han tomado figuras políticas heterodoxas, tales como Donald Trump y Bernie Sanders en Estados Unidos, Pablo Iglesias en España, Marine LePen en Francia, Jeremy Corbyn en Reino Unido, Alexis Tsipras en Grecia, así como el nuevo surgimiento de Andrés Manuel López Obrador en nuestro país tras colocar a su partido como primera fuerza política del Distrito Federal. Todos estos líderes vienen de distintas corrientes ideológicas pero tienen en común el presentarse como opositores al establishment y basar su popularidad en ofrecer al electorado soluciones fáciles a problemas complejos, utilizar un discurso de buenos contra malos, culpabilizar de una serie de problemas a un enemigo visible, y sobre todo proponer medidas de dudosa viabilidad y responsabilidad. Por todo ello, a este conjunto de políticos se les conoce con el adjetivo de “populistas”.

Un populista se distingue en por decir a los votantes lo que éstos quieren escuchar, basando su discurso en temas de gran contenido emotivo y aprovechando el coraje que la población siente en algunos tópicos, sean cuales sean. Por ejemplo, Trump y LePen aprovechan el miedo de grandes sectores de sus sociedades que creen que la esencia de su país se está perdiendo a manos del gran número de inmigrantes que ha llegado en los últimos años, para ello ofrecen un discurso nacionalista, presentando a los extranjeros como indeseables que vienen a delinquir o en el mejor de los casos, a quitarle su trabajo a los nativos. Para Tsipras y su partido Syriza, Grecia está sumida en una crisis de deuda no por el manejo irresponsable de las finanzas públicas, sino por la codicia de los dirigentes de la Unión Europea, de modo que su discurso giró en torno a que el país podría recuperarse si tan sólo tuviera un líder que hiciera frente a los tecnócratas que los sumieron en la pobreza. Sin embargo, las propuestas de estos personajes suelen ser vagas o poco viables: Donald Trump ha prometido que los más de 11 millones de indocumentados en Estados Unidos serán deportados en poco tiempo, cuando en realidad para ello sería necesario un enorme despliegue militar y consecuentes violaciones a los derechos humanos que harían del proyecto algo prácticamente imposible de realizarse en un país como EEUU. En el caso de AMLO, recalcado en repetidas ocasiones que el recortar los sueldos de funcionarios daría los recursos suficientes para financiar programas sociales tales como la pensión universal; cuando en realidad sólo es una forma de ofrecer algo que suena bien sin tomar en cuenta que el monto de los sueldos de altos funcionarios es minúsculo en proporción con el gasto necesario para los programas que él propone.

Para entender el auge reciente de estos movimientos, debemos ver que gran parte de ellos son el equivalente a los “productos milagro” que venden en televisión: una forma en que las personas frustradas porque los medios convencionales no han dado los resultados deseados puede probar con nuevas alternativas que prometen soluciones espectaculares. Tras la enorme crisis financiera de finales de la década pasada, la recuperación económica ha sido lenta y muchas personas viven peor que hace seis o siete años. Aunado a eso, la economía moderna da una gran recompensa a las personas que tienen mayor educación y capacidades, mientras que los trabajadores menos cualificados (que son la mayoría) tienen menor estabilidad laboral y prestaciones de las que contaban antes. En varios países,(sobre todo los europeos), se forjó durante décadas un consenso político liberal donde conservadores y socialdemócratas alternaban el poder con plataformas que diferían en ciertos aspectos pero con una base similar que fomentaba la apertura al exterior y la economía de mercado. Sin embargo, ahora que las condiciones económicas de mucha gente han cambiado, los votantes perciben una brecha entre su realidad y el discurso de los partidos tradicionales, por lo que buscan opciones novedosas lo que da pie al fortalecimiento del nuevo populismo.

Este fenómeno es preocupante, porque aunque la población tenga razones válidas de hartazgo, el crecimiento de opciones políticas heterodoxas que basan su popularidad en propuestas de manejo económico irresponsable o en la incitación al tribalismo racial no representa una solución deseable para los problemas actuales. Más bien es necesario que los partidos que, a pesar de sus errores basan su plataforma en un enfoque realista y más responsable a los problemas, busque soluciones a las inquietudes de la sociedad, y haga saber a los ciudadanos qué tipo de medidas son factibles en el mundo real y cuáles no.


viernes, 4 de septiembre de 2015

El final del “milagro Chino” , por Raúl Vergara Arias @Rau1Vergara


Hace 40 años, a fines de la era maoísta, China era uno de los países más pobres del mundo. Esta nación fue una de las que más sufrió durante la segunda guerra mundial bajo una brutal ocupación japonesa; posteriormente, décadas de guerra civil y la dictadura comunista que aplicó una serie de políticas desastrosas llevaron a los chinos a la miseria, a tal grado que entre 1959 y 1961 una terrible hambruna mató a más de 20 millones de personas.
Todo esto empezó a cambiar tras la muerte de Mao Tse Tung en 1976, su sucesor Deng Xiaoping comenzó a aplicar reformas encaminadas a liberalizar la economía comunista, abriendo cada vez más espacios a la propiedad privada y al comercio, instaurando poco a poco un sistema de “capitalismo de estado” donde el gobierno se mantuvo bajo el control del Partido Comunista, pero con una economía cada vez más abierta al mercado. A raíz de este cambio, la economía china comenzó a crecer a tasas muy elevadas, dando pie al milagro económico más grande de la historia. En las últimas décadas cientos de millones de chinos han salido de la pobreza y el país más poblado del mundo se ha consolidado como la segunda economía más grande y una potencia mundial.
El boom de China ha sido tan espectacular que parecía inevitable que el siglo XXI fuera un siglo chino. Mientras que en los últimos años los países desarrollados de occidente se vieron débiles y agotados, China y las economías emergentes que se han dedicado a venderle las materias primas para alimentar su crecimiento se veían fuertes y vigorosas. Durante los últimos años, el término BRIC destacó en el título de una serie de artículos y reportajes que hacían referencia a las cuatro naciones emergentes que dominarían la economía del futuro: Brasil, Rusia, India y China, el más fuerte de los cuatro. No obstante, en este momento la situación se ve diferente, Rusia y Brasil están sumidos en serias crisis, y todo apunta a que China está entrando a una nueva etapa en su desarrollo, donde las elevadísimas tasas de crecimiento han quedado en el pasado.
En 2014 China creció a 7.4%, su tasa más baja en 24 años, y marcó la primera vez en el siglo en que la economía avanzó por debajo de la meta oficial del gobierno, y todo apunta a que este año el crecimiento económico continúe bajando e incluso se coloque por debajo del 7%. Para la mayoría de los países esos niveles de expansión serían envidiables, pero debemos recordar que China promedió tasas de doble dígito durante dos décadas y que éste será su cuarto año consecutivo de desaceleración económica.
Este cambio en la dinámica china ha sido la principal responsable de la reciente caída en las bolsas mundiales y de la baja en el precio de las materias primas que ha perjudicado a innumerables países que se dedican a exportarlas, desde Brasil hasta Canadá. Esto es en parte debido a que muchas de las proyecciones a futuro hechas en años recientes partían de la idea de que China seguiría creciendo de manera vertiginosa, por lo que su consumo de metales, petróleo, materiales de construcción y otros bienes seguiría aumentando sin parar. De modo que las empresas y gobiernos que apostaron su futuro a venderle más y más a los chinos se encuentran ahora en una situación complicada.
El gigante asiático todavía es de las economías que más rápido se desarrollan, sin embargo es esperable que sus niveles de crecimiento continúen a la baja pues se está acercando a la llamada “trampa de ingreso medio”. Este es un punto que se ha observado en muchas economías pobres que experimentan un período de auge hasta que se consolidan en como países de ingreso medio por habitante (tal como ocurrió en México en la segunda mitad del s. XX), y después ya no pueden sostener su crecimiento acelerado para volverse naciones ricas. En el último siglo, muy pocas economías han logrado dar se salto y alcanzar niveles elevados de PIB per cápita, pues las pequeñas medidas que dan resultados cuando se es un país pobre se van agotando y cada vez es necesario realizar transformaciones institucionales más complejas.
Todo esto no significa que China haya dejado de crecer ni que ya no será uno de los participantes más importantes en la geopolítica mundial en las próximas décadas, no obstante la cuestión más interesante de la economía global en los próximos años no será maravillarse con el milagro chino, sino ajustarse a un nuevo paradigma donde el gigante asiático se desarrolla a tasas más moderadas.
                                   RINCÓN ECONÓMICO, por Raúl Vergara Arias
Economía
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miércoles, 26 de agosto de 2015

¿Cuánto debe preocuparnos el dólar caro? , por Raúl Vergara Arias @Rau1Vergara


Sin duda la noticia económica que más ha sonado últimamente en los hogares mexicanos es la enorme alza en el precio del dólar. La divisa verde pasó de alrededor de 13 pesos en 2014 hasta 17.28 el pasado viernes 21 de agosto, lo cual ha generado nerviosismo entre mucha gente que inmediatamente asocia la depreciación del peso con una crisis económica. Este miedo a las devaluaciones está bien enraizado en la psique colectiva de nuestro país pues las dos mayores crisis internas en la historia reciente (1982 y 1994), tuvieron como protagonista grandes caídas en el valor del peso, pasando a la cultura popular ocasiones tales como cuando el entonces presidente López Portillo proclamó que “defendería el peso como un perro” o cuando en medio de la crisis del 94 se le borraron tres ceros a la moneda nacional.
No obstante, existen buenas razones para pensar que esta vez es diferente y que la fuerte alza en el dólar no es un augurio de que la economía mexicana esté al borde de la catástrofe. En primer lugar el peso ya no sigue un sistema de tipo de cambio fijo o de bandas de fluctuación como lo hacía en tiempos de las pasadas devaluaciones. En ese entonces el gobierno garantizaba que el dólar no pasaría de un cierto nivel de precio y debía destinar importantes cantidades de dinero e imponer rígidos controles cambiarios para mantener la paridad deseada, de modo que cuando la devaluación finalmente ocurría ésta se hacía por decreto una vez que las autoridades mexicanas habían agotado sus reservas internacionales y no podían detener la fuga de capitales. Además, al estar el tipo de cambio fijado por el gobierno, las personas y empresas contraían deudas en dólares sin considerar la posibilidad de que éstas pudieran aumentar al cambiar el valor del dólar, lo cual hacía que cuando finalmente el billete verde se encarecía, los efectos fueran potencialmente catastróficos, tal y como se vio en 1994-1995.
En cambio, en la actualidad el tipo de cambio entre peso y dólar se halla en un régimen de libre flotación, de modo que puede ajustarse a las variaciones en el mercado de forma más suave e indolora. Si bien el Banco de México participa subastando dólares para reducir las presiones a la alza de dicha moneda, éste no está obligado a hacerlo para mantener un nivel específico cueste lo que cueste (como sí lo estaba antes), sino que su intervención es meramente un paliativo para evitar movimientos demasiado bruscos en el valor del peso. Además, el banco central mexicano es mucho más sólido hoy de lo que era hace 20 años: durante ese tiempo ha acumulado masivas reservas en dólares que puede utilizar para apuntalar el valor del peso de ser necesario y a diferencia de la situación en el pasado, cuando los intereses políticos dictaban la política monetaria, hoy Banxico tiene autonomía del gobierno federal.
Además debemos tomar en cuenta que en esta ocasión no es sólo el peso el que se está depreciando, sino que el dólar está subiendo su valor contra la mayoría de las monedas del mundo. El peso mexicano ha bajado cerca de 30% con respecto al dólar en lo que va del año, lo cual es poco comparado con el rublo ruso (-76%), el peso colombiano (-56.3%), el real brasileño (-53.7), y la corona noruega (-31.7%). Mientras tanto, el euro, el yen, el dólar canadiense, entre otras monedas han perdido valor de modo similar a nuestro peso (entre 20% y 25%) durante este año. Esto implica que la baja en nuestra moneda nos ayuda también a mantener competitividad en las exportaciones, pues muchos de los países con los que competimos por el mercado estadounidense también han experimentado devaluaciones importantes.
Esta alza del dólar se debe a dos factores principales, en primer lugar existe la fuerte expectativa de que la Reserva Federal de Estados Unidos alzará las tasas de interés en sus bonos, una vez que la economía norteamericana está casi recuperada y ya no necesita los apoyos que se le dieron durante la crisis, como el prestar dinero a intereses de casi 0%. Esto hace que muchos capitales que estuvieron invertidos en otras partes del mundo regresen a Estados Unidos, pues las condiciones allá serán más atractivas. Por otro lado China, que había sido el gran motor de las economías emergentes, está mostrando serias señales de desaceleración, lo que hace que invertir en ese país, o en aquellos que se han beneficiado de su crecimiento, pierda su atractivo. Por lo tanto, muchas inversiones abandonan las economías en desarrollo para regresar a la estabilidad que proporciona comprar bonos norteamericanos.
Una vez sabiendo que la presente devaluación del peso no es culpa de México, y que nuestro banco central está bien preparado para sortearla, podemos descansar tranquilos sabiendo que esto no presagia una crisis importante, sino que es producto de los flujos internacionales de divisas. Lo único triste es que habrá que habrá que posponer cualquier viaje de shopping a San Antonio para una mejor ocasión.





RINCÓN ECONÓMICO, por Raúl Vergara Arias
Economía
7º Semestre
Twitter:@Rau1Vergara

miércoles, 4 de febrero de 2015

Iniciando el semestre en Canadá , por Raúl Vergara Arias @Rau1Vergara


Apreciables lectores, este semestre me encuentro estudiando en Canadá como parte del programa de Intercambio Académico de la Universidad. Estoy en la Universidad de Lethbridge, en la provincia de Alberta al oeste del país. Por lo tanto, durante el semestre mis columnas versarán sobre temas relacionadas con esta nación del norte. Tanto el recuento de mis experiencias, como algunos temas económicos canadienses que son de gran interés.
Lethbridge es una pequeña ciudad que cuenta con alrededor de 100 mil habitantes, de los cuales aproximadamente el 10% son estudiantes universitarios. Esto significa que la comunidad estudiantil es muy activa y que gran parte de las actividades de la ciudad giran alrededor de eventos universitarios. La Universidad dedica grandes esfuerzos a incrementar la presencia de estudiantes internacionales en el campus, como una estrategia para enriquecer la formación de ambas partes: locales y extranjeros. Para ello tiene una serie de convenios con diversas instituciones en distintos países. Actualmente, la mayor parte de los estudiantes internacionales provienen de Holanda, Francia y Bélgica, mientras que el resto son originarios de países como Ecuador, España, Uruguay, Japón, Taiwan, Corea del Sur e Italia.
Una de las primeras cosas que noté al comenzar a asistir a clases es que el sistema universitario norteamericano es muy distinto al de México. Aquí los estudiantes no eligen una carrera al comenzar su primer semestre ni reciben un plan de estudios definido con las materias que habrán de cursar durante cada período. En vez de ello, se enrolan en un programa de Bachelor’s Degree (el equivalente a la licenciatura) en algún área general: ciencias, management, matemáticas y proceden a cursar un cierto número de materias de su área. Sin embargo la mayoría enrola al mismo tiempo diversas clases de áreas que poco tienen que ver con su programa. En base a lo que he platicado con las personas en Canadá, su sistema tiene una gran ventaja y una gran desventaja: por un lado, permite al estudiante madurar y tener conocimientos de una amplia gama de temas que le permitirá elegir mejor su área de especialización si cursa una maestría, pero al mismo tiempo, al egresar del Bachelor’s el tipo de destrezas aprendidas pueden ser demasiado generales a comparación de lo que muchos empleadores exigen.
Hasta aquí llega esta primera empapada en el sistema universitario canadiense. En futuros artículos entraré en mayor detalle en otros temas de este país.





RINCÓN ECONÓMICO, por Raúl Vergara Arias
Economía
6º Semestre
Twitter:@Rau1Vergara

martes, 25 de noviembre de 2014

¿La educación es la causa del desarrollo?, por Raúl Vergara Arias @Rau1Vergara


Una de las ideas económicas más extendidas entre la población es la de que el nivel educativo de la población de un país es uno de los principales determinantes del crecimiento económico. Esta teoría se encuentra plasmada en diferentes modelos de crecimiento basado en la acumulación de capital humano como el de Barro y el de Lucas, y además de existir en textos académicos, forma parte de la sabiduría popular de muchas personas.
El concepto es básicamente el siguiente: así como existe el capital físico (infraestructura productiva, fábricas, maquinaria, etc.), también hay capital humano, el cual consiste en las habilidades, destrezas y conocimientos que las personas adquieren a lo largo de su vida. La teoría establece que cuando el nivel de capital humano es mayor en una economía, la fuerza de trabajo es más productiva, de modo que la cantidad de bienes y servicios es mayor. De aquí se llega a la conclusión de que al aumentar los años de educación, el nivel de capital humano se incrementa y por ende el crecimiento económico será más elevado. Así que si queremos aumentar la tasa de crecimiento de un país, una medida efectiva será que el gobierno destine mayores recursos a la educación y así incremente la productividad de sus trabajadores.
Varios estudios han mostrado que existe una fuerte correlación entre más años de educación promedio en un país y crecimiento más alto (es decir que al subir la escolaridad promedio, también lo hace el crecimiento), lo que parece corroborar la hipótesis antes expuesta. No obstante, otros investigadores han encontrado que no hay una relación causal directa entre la educación y el crecimiento, en otras palabras, no se puede afirmar que la mayor educación sea la causa de la aceleración económica. Recordemos que el que dos objetos se relacionen entre sí no necesariamente significa que uno es la causa del otro; por ejemplo, podríamos encontrar una relación directa entre el clima frío y la venta de figuras de Santa Clos, y esto no significaría que el frío hace que la gente compre Santa Closes, ni mucho menos que la abundancia de muñequitos barrigones provoque la caída en las temperaturas. En realidad lo que ocurre es que existe un tercer factor que relaciona a los dos anteriores: la celebración de la Navidad en la que la gente acostumbra adornar con adornos de Santa y que cae en el invierno del Hemisferio Norte.
Varios de los economistas que han estudiado el nexo entre educación y crecimiento sostienen que no es la educación la que causa el crecimiento, sino que existen otras razones por las que ambas se relacionan. Entre ellas destacan la calidad de las instituciones: protección de los derechos de propiedad, ausencia de corrupción, impartición efectiva de la justicia, etc. Esto hace que las personas consideren que pueden obtener retornos elevados de la inversión en educarse, de modo que optan por instruirse por más años. Por otro lado, es muy probable que el elevado crecimiento económico sea el que fomente la gente en un país se eduque más, debido a que las naciones ricas cuentan con más recursos que pueden destinar a la instrucción de sus ciudadanos. De modo que los altos niveles educativos son el reflejo de la riqueza, y no su causa.
Todavía no existe una evidencia que determine de manera contundente cómo es la relación entre el crecimiento económico y la educación a nivel nacional, no obstante hay diversas evidencias que establecen que para los individuos, el tener mayores niveles de capacitación y educación formal repercute de forma muy positiva en su ingreso. Sin embargo, parece ser que parte de la retórica que presenta a la educación como la solución a todos los problemas de los países no cuenta con suficiente fundamento y debe reenfocarse en mejorar la calidad institucional.



Bibliografía
Bils, Mark, and Peter J. Klenow. 2000. "Does Schooling Cause Growth?" American Economic Review, 90(5): 1160-1183.
Lucas, Robert E. "On the Mechanics of Economic Development." Journal of Monetary Economics 22.1 (1988): 3-42. Web.

Williamson, Stephen D. Macroeconomics. Boston: Pearson, 2014. Print.


RINCÓN ECONÓMICO, por Raúl Vergara Arias
Economía
5º Semestre

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